

Gabriel se despierta muy contento. Hoy tiene un plan especial. Su amigo Tom viene a su casa. —¡Hola Gabriel! —dice Tom en la puerta. —¡Hola Tom! Vamos al mercado —responde Gabriel emocionado. —¿Qué vamos a comprar? —pregunta Tom. —Fruta para nuestros amigos —dice Gabriel sonriendo. Los dos niños salen juntos. El sol brilla en el cielo. —¡Será una merienda especial! —gritan los dos felices.

Gabriel y Tom caminan por la calle. Ven muchas tiendas bonitas. —Mira, allí está el mercado —señala Gabriel. Tom salta de alegría. —¡Qué grande es! —dice Tom mirando todo. Hay muchos colores por todas partes. —Primero vamos a la frutería —dice Gabriel. —¡Sí! Me gusta la fruta —responde Tom. Los niños entran al mercado tomados de la mano. Están muy emocionados por su aventura.

La frutería tiene frutas de muchos colores. Huele muy rico. Una señora amable los recibe. —Hola niños —dice ella sonriendo. —Hola —responden Gabriel y Tom juntos. La dependienta tiene un delantal verde. —¿Qué les gustaría? —pregunta ella. Gabriel mira todas las frutas. Tom también mira con curiosidad. —Hay muchas frutas bonitas —susurra Tom. Los niños están listos para escoger.

Gabriel ve unas manzanas rojas brillantes. —Me gustaría una manzana, por favor —dice Gabriel educadamente. La dependienta toma una manzana grande. —Aquí tienes —dice entregándosela. Gabriel recibe la manzana con cuidado. —Gracias —dice Gabriel sonriendo. —De nada —responde la señora amable. La manzana es roja y perfecta. Gabriel la guarda con cuidado. Tom mira otras frutas. —Ahora me toca a mí —dice Tom feliz.

Tom ve unas peras amarillas. —Me gustaría una pera, por favor —pide Tom. La dependienta sonríe y toma una pera. —Aquí tienes —dice ella. Tom recibe la pera con las dos manos. —Gracias —dice Tom muy contento. La pera huele deliciosa. —Es muy bonita —dice Gabriel. Tom guarda su pera junto a la manzana. Los niños siguen mirando más frutas. —¿Qué más podemos llevar? —pregunta Gabriel.

Gabriel ve unas fresas muy rojas. Están en una canasta pequeña. —¡Mira Tom, fresas! —dice Gabriel emocionado. —¡Me encantan las fresas! —responde Tom. Gabriel se acerca a la dependienta. —Me gustaría unas fresas, por favor —pide amablemente. La señora le da una cajita con fresas. —Aquí tienes —dice ella. —Gracias —responde Gabriel feliz. Las fresas están muy frescas. Tom las mira con alegría. Gabriel guarda las fresas con cuidado.

Tom ve unas ciruelas moradas brillantes. —¡Qué bonitas! —exclama Tom. Le gustan mucho las ciruelas. —Me gustaría unas ciruelas, por favor —dice Tom. La dependienta le da ciruelas en una bolsita. —Aquí tienes —dice sonriendo. —Gracias —responde Tom educadamente. Las ciruelas son redondas y suaves. Gabriel mira toda la fruta que tienen. —Ya tenemos mucha fruta —dice Gabriel. —¡Sí! —responde Tom orgulloso. Pero aún falta algo más.

Gabriel ve naranjas grandes y anaranjadas. —Necesitamos más fruta —dice Gabriel pensando. Tom cuenta con sus dedos. —Vendrán cinco amigos más —dice Tom. —¡Perfecto! —dice Gabriel. Se acerca a la dependienta otra vez. —Me gustaría cinco naranjas, por favor —pide Gabriel. La señora cuenta: una, dos, tres, cuatro, cinco. —Aquí tienes —dice entregándole una bolsa. —Gracias —dice Gabriel feliz. Ahora tienen mucha fruta deliciosa. —¡Ya terminamos! —gritan contentos.

Gabriel y Tom salen de la frutería. Llevan bolsas con toda la fruta. —¡Qué pesadas están! —dice Tom riendo. —Pero vale la pena —responde Gabriel. Los niños caminan despacio con cuidado. No quieren que se caiga nada. El camino a casa es corto. Ven pajaritos en los árboles. —Nuestros amigos estarán muy felices —dice Tom. —Sí, será una merienda perfecta —dice Gabriel. Pronto llegan a la casa. —¡Por fin! —dicen juntos.

En la cocina, Gabriel pone la fruta en la mesa. Tom ayuda a sacar todo. —Vamos a contar —dice Gabriel. —Una manzana —dice Tom señalando. —Una pera —continúa Gabriel. —Unas fresas —dicen juntos. —Unas ciruelas —añade Tom. —Cinco naranjas —termina Gabriel contando. Los dos niños miran la mesa. Hay mucha fruta de colores bonitos. —¡Perfecto! —dice Tom aplaudiendo. Gabriel está muy contento. Todo está listo para la merienda especial.

Por la tarde suenan en la puerta. ¡Toc, toc, toc! Los amigos están llegando. Gabriel abre la puerta feliz. —¡Bienvenidos! —dice Gabriel. Entran varios niños contentos. —¡Hola Gabriel! ¡Hola Tom! —saludan todos. Tom los lleva a la cocina. —Miren la merienda especial —dice Tom orgulloso. Los amigos ven toda la fruta. —¡Qué delicioso! —dicen admirados. Todos se sientan alrededor de la mesa. La merienda especial comienza ahora.

Los niños comen la fruta deliciosa. Las fresas están dulces y jugosas. —Gracias por la fruta —dice un amigo. —De nada —responden Gabriel y Tom sonriendo. Todos comparten y ríen juntos. Después de comer, juegan en el jardín. Corren, saltan y se divierten mucho. El sol brilla sobre ellos. —Esta es la mejor merienda —dice otro amigo. Gabriel y Tom se miran felices. Compartir con amigos es muy especial. Todos pasan una tarde muy divertida.
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