
Una mañana soleada, Jack se despertó en su cama. Estiró los brazos y bostezó. Miró hacia el suelo buscando a Rocky. ¡La cama del perro estaba vacía! Jack saltó de la cama rápidamente. —¿Rocky? ¿Dónde estás? —llamó. Buscó debajo de la cama y detrás de la puerta. No había ni rastro de su perro. Jack sintió un nudo en el estómago.

Jack corrió por el pasillo gritando: —¡Mamá! ¡Papá! ¡Rocky ha desaparecido! Lucía salió de la cocina secándose las manos. Tom dejó el periódico sobre la mesa. —¿Qué pasa, Jack? —preguntó Lucía preocupada. —¡Rocky no está en mi cuarto! —dijo Jack con lágrimas en los ojos. Tom lo abrazó. —Tranquilo, hijo. Vamos a encontrarlo juntos —dijo con voz calmada.

Lucía tuvo una idea brillante. —Jack, busca una foto de Rocky para enseñarla. Tom sacó una foto familiar del álbum. —Esta es perfecta —dijo entregándosela a Jack. En la foto estaban todos sonriendo con Rocky. Jack la guardó con cuidado en su bolsillo. —Vamos a buscar en el jardín primero —sugirió Lucía. Los tres salieron por la puerta principal listos para la aventura.

Jack corrió al jardín llamando a Rocky. —¡Rocky! ¡Rocky! ¿Dónde estás? —gritaba una y otra vez. Tom miró detrás de los arbustos. Lucía revisó el garaje. No había señales del perro travieso. —No está aquí —dijo Jack tristemente. —Entonces busquemos en el barrio —propuso Tom. Jack asintió con determinación. —¡Vamos a encontrarlo! —exclamó con valentía.

La familia caminó por la calle. Jack vio a la señora Martínez regando sus flores. —Buenos días, señora Martínez. ¿Ha visto a mi perro Rocky? La vecina se detuvo y pensó. —No, querido. Lo siento mucho. Jack le mostró la foto familiar. —Este es Rocky. Es marrón y tiene orejas grandes. —Voy a estar atenta —prometió la señora. Jack le dio las gracias y siguió buscando.

La familia llegó al parque del barrio. Había niños jugando en los columpios. Una mujer paseaba con un cochecito de bebé. —Disculpe, señora —dijo Jack educadamente. La mujer se detuvo y sonrió. —¿En qué puedo ayudarte? —preguntó amablemente. —Busco a mi perro Rocky. ¿Lo ha visto? Jack mostró la foto con esperanza. La mujer observó la imagen con atención.

La mujer del parque señaló hacia el este. —Creo que vi un perro marrón cerca de la tienda de mascotas. ¡Los ojos de Jack brillaron de emoción! —¿La tienda de mascotas? ¿Está segura? —preguntó. —Sí, hace unos minutos —respondió ella. Jack miró a sus padres con esperanza. —¡Vamos allá rápido! —dijo Tom. Lucía tomó la mano de Jack y caminaron juntos. La tienda estaba a solo dos calles.

Jack comenzó a correr por la acera. —¡Espera, Jack! Ten cuidado —gritó Lucía. Tom y Lucía corrieron detrás de él. Jack miró a ambos lados antes de cruzar. Las calles estaban tranquilas esa mañana. Finalmente vieron el letrero de la tienda. Había dibujos de perros y gatos en la ventana. —¡Allí está! —señaló Jack emocionado. Su corazón latía muy rápido de la emoción.

Cuando llegaron a la tienda, Jack escuchó algo. —¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! —¡Es Rocky! —gritó Jack feliz. Allí estaba su perro mirando el escaparate. Rocky movía la cola viendo los animales dentro. Había un gato naranja, un conejo blanco y peces de colores. —¡Rocky! —llamó Jack. El perro se giró y saltó hacia Jack. Se lamieron y abrazaron con alegría inmensa.

Tom se agachó junto a Rocky. —Este perrito travieso siguió algo hasta aquí. Lucía notó una mariposa amarilla volando cerca. —Seguro que siguió a esa mariposa —dijo riendo. Rocky miraba la tienda con curiosidad todavía. Le gustaban todos los animales del escaparate. —Rocky, nos asustaste mucho —dijo Jack. Pero no podía estar enojado por mucho tiempo. Estaba demasiado feliz de haberlo encontrado sano y salvo.

La familia caminó de regreso a casa. Rocky iba con su correa bien sujeta. Jack no lo soltaba ni un segundo. —Has sido muy valiente, Jack —dijo Tom orgulloso. —Y no te rendiste —añadió Lucía. Jack sonrió mirando a sus padres. —Somos un buen equipo —dijo feliz. Rocky ladraba contento caminando entre todos. El sol brillaba cálido en el cielo azul. Era un hermoso día después de todo.

En casa, Lucía preparó galletas y leche. Tom le dio a Rocky un premio especial. Jack escribió en su cuaderno sobre la aventura. "Hoy perdí a Rocky pero lo encontré. Mi familia me ayudó mucho. Tengo la mejor familia del mundo", escribió. Rocky se acurrucó a los pies de Jack. Todos rieron y compartieron las galletas. Fue un día que Jack nunca olvidaría. Y Rocky aprendió a no perseguir mariposas solo.
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