

Era un sábado soleado. Lola, una caniche de color melocotón con pelo suave y rizado, movía la cola emocionada. —Hoy vamos al mercado —dijo Marta, una niña de diez años. Lola ladraba feliz. Las dos salían de casa caminando. Marta llevaba una mochila pequeña. Lola trotaba a su lado. El cielo estaba azul y el día era perfecto. —Yo voy al mercado a pie —dijo Marta sonriendo. Lola movió la cola más rápido.

Mientras caminaban por la calle, vieron algo interesante. Había un cartel grande y colorido pegado en una pared. Marta se detuvo a leerlo. —¡Mira, Lola! —exclamó emocionada. El cartel decía: Concurso de Exploradores de la Ciudad. Premio: una medalla de oro. Lola olfateaba el cartel con curiosidad. —¡Vamos a participar! —dijo Marta decidida. Lola ladró dando saltos. Las dos estaban muy emocionadas. ¡Sería una gran aventura!

En el cartel había un sobre con la primera pista. Marta lo abrió rápidamente y leyó: Ve al museo. Lola inclinó la cabeza confundida. —¿Dónde está el museo? —preguntó Marta mirando alrededor. Una mujer amable pasaba por allí. —Disculpe, ¿dónde está el museo? —preguntó Marta educadamente. La mujer sonrió. —Ve recto y gira a la derecha —respondió señalando con el dedo. —¡Gracias! —dijeron Marta y Lola comenzaron a caminar.

Marta y Lola caminaban siguiendo las instrucciones. Por el camino vieron muchas cosas interesantes. Primero pasó un coche rojo brillante. Después vieron una bicicleta azul apoyada en un árbol. Luego pasó un autobús amarillo lleno de gente. Lola miraba todo con sus ojos brillantes. —Hay muchas formas de viajar por la ciudad —dijo Marta. El museo estaba cada vez más cerca. Las dos estaban emocionadas. ¡La aventura continuaba!

Por fin llegaron al museo grande y bonito. Había escaleras amplias en la entrada. En los escalones había un niño sentado. Tenía una bicicleta a su lado. —¡Hola! —dijo Marta saludando. El niño levantó la vista y sonrió. —Hola, me llamo Tom —dijo él. Lola se acercó moviendo la cola. Tom acarició su pelo rizado. —¿También estás en el concurso? —preguntó Marta. —Sí —respondió Tom emocionado.

Marta y Tom hablaban en las escaleras del museo. Lola se sentó entre ellos contenta. —¿Cómo vas a la escuela? —preguntó Marta con curiosidad. Tom señaló su bicicleta azul. —Yo voy en bicicleta —respondió Tom orgulloso. —Es muy bonita —dijo Marta admirando la bicicleta. Tom sonrió feliz. —Gracias. ¿Quieres que busquemos la siguiente pista juntos? —preguntó. —¡Sí! —exclamó Marta. Los tres entraron al museo. ¡Ahora eran un equipo!

Dentro del museo encontraron un sobre dorado. Tom lo abrió y leyó la pista en voz alta. —Dice: Vayan al parque grande. Lola saltó emocionada. —¡Yo sé dónde está! —dijo Marta. Los tres salieron del museo corriendo. Tom empujaba su bicicleta mientras caminaban. El parque no estaba muy lejos. El sol brillaba sobre ellos. —¡Esto es muy divertido! —dijo Tom. Marta asintió sonriendo. Lola ladraba feliz.

Llegaron al parque grande y verde. Había árboles altos y flores coloridas. Los niños buscaban la siguiente pista. De repente, Lola empezó a olfatear algo. Encontró una cartera marrón en el suelo. —¡Mira lo que encontró Lola! —exclamó Marta. Tom abrió la cartera con cuidado. Estaba llena de dinero. Los dos niños se miraron sorprendidos. —¿Qué hacemos? —preguntó Tom. Lola miraba la cartera con atención.

Tom miraba el dinero en la cartera. —Podemos quedárnosla —dijo Tom pensativo. Marta negó con la cabeza firmemente. —No. Tenemos que encontrar a su dueña —respondió Marta. Tom se quedó pensando un momento. Luego sonrió. —Tienes razón —dijo Tom. Lola movió la cola aprobando la decisión. Los tres empezaron a buscar al dueño. Preguntaron a la gente en el parque. Era lo correcto. Marta se sentía bien.

Poco después vieron a una señora mayor. Ella parecía muy preocupada y buscaba algo. —Disculpe, ¿perdió algo? —preguntó Marta amablemente. La señora los miró esperanzada. —Sí, mi cartera marrón —dijo con voz triste. Marta le mostró la cartera que tenían. —¡Mi cartera! ¡Muchas gracias! —exclamó la señora abrazando a los niños. Lola recibió muchas caricias. La señora estaba muy feliz. Los niños también se sentían contentos. Habían hecho lo correcto.

Los niños siguieron hasta llegar al final del concurso. Había una mesa con banderas coloridas. Un señor amable los esperaba allí. Era el organizador del concurso. —¡Felicidades por completar el recorrido! —dijo sonriendo. Entonces miró a los niños con cariño. —Lo mejor no es ganar. Lo mejor es hacer lo correcto —explicó el organizador. Los niños asintieron felices. Habían aprendido algo importante. El señor tenía premios preparados. ¡Todos estaban emocionados!

El organizador sacó dos medallas doradas brillantes. Marta y Tom recibieron una medalla cada uno. —¡Son hermosas! —exclamó Marta. El señor también tenía algo para Lola. Le dio una galleta especial con forma de estrella. Lola la comió feliz moviendo la cola. Tom montó su bicicleta para regresar. Marta y Lola caminaban juntas. —Fue el mejor sábado —dijo Marta. Todos volvieron felices a casa. ¡Había sido una aventura maravillosa!
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