

En un pueblito rodeado de flores vivían cuatro hermanas: Patria, Minerva, María Teresa y Dedé. Las llamaban "las mariposas" porque siempre estaban juntas, revoloteando de aquí para allá, riendo y ayudándose entre ellas. Les encantaba sentarse bajo un árbol grande a contar cuentos y compartir sueños. Cada una tenía un talento especial, pero lo que más las unía era el amor que sentían por su país y por las personas que vivían allí.

Un día, las hermanas notaron que algunas personas de su pueblo eran tratadas de manera injusta. Minerva dijo: "Eso no está bien, debemos ayudar." Las demás asintieron con firmeza. Juntas decidieron hablar con quienes podían cambiar las cosas, siempre con respeto y valentía. Visitaban a sus vecinos, escuchaban sus problemas y buscaban soluciones. Aunque algunos les decían que era difícil, las hermanas Mirabal no se rindieron, porque creían que todos merecían un trato justo y amable.

Las hermanas trabajaron con tanto coraje que su historia llegó a oídos de mucha gente. Un día triste, las cuatro mariposas ya no estuvieron más con su pueblo. Pero su bondad y su valentía no se olvidaron. La gente comenzó a recordar sus nombres con cariño, contando a los niños lo justas y valientes que fueron. Las flores de su jardín siguieron creciendo, y las mariposas de verdad parecían visitar el lugar donde ellas soñaban con un mundo mejor.

Por eso, cada 25 de noviembre, personas de muchos países recuerdan a las hermanas Mirabal. Es un día para pensar en tratar a todas las niñas y mujeres con respeto y cariño. En las escuelas se dibujan mariposas y se habla sobre la bondad. Los niños aprenden que ser justos, amables y valientes, como Patria, Minerva, María Teresa y Dedé, ayuda a construir un mundo mejor para todos, lleno de flores y de mariposas volando libres.